martes, 13 de marzo de 2007

Homeless



Maybe it's time to stop swimming
Maybe it's time to find out where I'm at
What I should do and where I should be
But no-one will give me a map

STOP SWIMMING. PORCUPINE TREE

En estos días estuve pensando en escribir algo acerca de lo mala que es la televisión chilena, de lo burdas que son las telenovelas del 13, de lo rasca y repetitivo que Rojo (sueno snob, pero diabos, es una porquería de programa!), de lo condenadamente tarde que dan CSI; pelar el cinismo de Camiroaga, Tomicic, Constant, Valenzuela, Bolocco, Viñuela, Araneda y tantos otros que se pasean por las pantallas quedando bien con todo el mundo, despreciando la farándula flaite de este país (mejor dicho, de Santiago) con una mano y dándoles pitanza con la otra... Bueno, tenía ganas de explayarme sobre esos profundos y trascendentales temas que llenan las portadas de los diarios pero al final, me he queddao pensando que en este momento, soy un homeless o mejor dicho, un allegado... Me he queddao sin casa y tengo todas mis pertenencias (y muchas de Eugenia) en un rincón de la casa de mis padres que cada día me observan con más impaciencia porque aún, a pesar de una búsqueda frenética y deseperada, no he encontrado dónde ir a reposar mis huesos en paz y tranquilidad...

En fin, trato de llegar los más tarde posible e irme de la casa a primera hora de la mañana para no molestar ni ser molestado, para evitar los discursos condenatorios que con mis propios anatemas ya tengo bastante. Entonces camino por las calles de la ciudad, sintiéndome despojado de todo mi orgullo, abrumado por todas las circunstancias perfectamente patéticas que me llevaron a esta especie de punto sin retorno, a medias entre ser un feto malamente abortado y un viejo roñoso afirmado de una caja de vino en una esquina de la plaza...

Tampoco es tan terrible. Por lo menos tengo el dinero para cambiarme de casa en cualquier momento, apenas haya una oferta más o menos decente... Ustedes ya saben lo caros y denigrantes que son los arriendos en Antofagasta... Pero por el momento, trato de disfrutar la mala fortuna que me construí, convirtiendo este pedazo de desierto en una burda imitación de oasis que sólo sirve de cagadero de camellos tuertos y beduinos leprosos. Quizás algún día tenga el valor para comenzar a caminar y salir definitivamente de este abrupto basural, en busca de muerte y buitres o quizás, de alguna brillante ciudad donde cobijarme de los recuerdos amargos y de los malos chistes de la vida...

Por ahora, sólo me queda caminar por la ciudad. Música en los oídos. Algunas letras en inglés que aún no aprendo bien. Unos cuantos cigarrillos que cuido como si fueran monedas de oro. Uno que otro recuerdo de bellas noches silenciosas, aferrado a tu cuerpo, sabiendo que me perdería en el desierto pero rogando por permanecer atado a la caravana de tus labios. No es mucho, pero basta para sobrevivir. Al final, siempre me acuerdo de los días pasado y termino riéndome de los malos chistes que me hago. Y de las bromas que me hace la vida...

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