martes, 5 de junio de 2007

Días Extraños


Never let it be said I was untrue
I never found a home inside of you
Never let it be said I was untrue
I gave you all my time
THE UBIQUITOUS MR. LOVEGROOVE. DEAD CAN DANCE
Todavía me duele la cabeza... El cuerpo también aunque no tanto como ayer... De verdad fue un fin de semana extraño, muy extraño, aunque debo reconocer que todo comenzó el miércoles con el lanzamiento de "La Portada Literaria", el programa del Paulo en donde -en un capítulo- aparezco yo, con mi mejor facha y discurso de escritor. Por supuesto que el trago corrió como si Jesús hubiera convertido agua en copete. Invité a la Meuge sólo para comprobar que aún la quiero y que la extraño demasiado todavía, pero en fin, para eso estaba mi siempre desmemoriada amiga cerveza para ayudarme a hablar otras cabezas de pescado y olvidar que alguna vez me enamoré... En fin, para variar terminé con mis huesos en el Babilonia, bastante ebrio y suplicando silenciosamente porque la noche no acabara...

La caña del jueves fue fenomenal. El sonido del teclado me desmembraba cada centímetro del cerebro y ni las bebidas ni el agua bastaban para apagar la sed. El viernes me dediqué a escribir y descansar. El sábado, mierda, sepulté dos perros, dos de mis compinches, allá, en los arenales de la Coviefi. Tenían el cuello y el pecho destrozados por las dentalladas de una jauría de canes salvajes que rondan por ahí. El Felipe me ayudó con la pega y de verdad que el sielncio, los cadáveres podridos, las moscas, los jotes y el descampado sucio y abyecto conformaban la escenografía para una película...

Luego de aquel trago amargo, me fui a la oficina a continuar escribiendo, pero recibí un llamado y una oferta que no pude rechazar. Como un caballero no tiene memoria, nombremos a esta chica como N. Ron, cervezas, casa sola, noche oscura y fría... No pude negrame y agarré mis pulgas y garrapatas y partí a la casa de N a relajar tensiones con una buena noche de sexo. El problema fue que no pensé que mi queridísima amiga me tenía una sorpresa. Había memorizado algunas de esas poses raras que aparecen en el Kamasutra y querá llevarlas a la práctica y yo, ya arriba de la pelota, no pude negarme. El problema fue que en medio de la vorágine, en algo así llamado "la tortuga coja" o "al áquila que no ve por donde camina", se me cayó el carné y, mieda, mi espalda no dio más... ¡Qué vergüenza!... Ahí me quedé, echado en la cama, sin poder moverme, en pelotas, totalmente desvalido y tratando de soportar la sonrisa entre burlesca y condescendiente de N... No imaginaba situación más decadente...

Así es que, con la cola entre las piernas, abandoné la escena del crimen y partí a emborracharme junto a los parroquianos del Babilonia; tratar de olvidar el dolor de espalda y la maldita posición que lo había provocado; la sonrista de N y la caminata atroz, acuciada por el frío y la rabia...

Días extraños... muy extraños... A veces pienso que son estupideces que sólo me pasan a mí. Trato de consolarme pensando en que siempre puede ser peor, que hay gente muriendo de hambre en África y hombres bomba estallando en Medio Oriente y entonces me río de la cantidad de brutalidades que me ocurren cada fin de semana, cuando salgo a buscar mi propio Shangri La y apenas me encuentro con retazos de un paraíso de concreto en donde a veces, sólo a veces, veo ángeles vencer demonios como los que me acompañan durante esas horas de vigilia tan absurda como necesaria.

1 comentario:

Ximena dijo...

hey amigo sigues igual,pero me encanta q halla evolucionado tu pensar y tu escribir buen relato no dudo q seas el loco de siempre chao....xime