martes, 29 de abril de 2008

El Aroma del Miedo


El asesino sabe cuando atacar. Percibe el olor del miedo desprendiéndose impúdico de la piel de su víctima. El asesino sabe que es el momento, que el pánico paralizará a la presa y que la bala entrará sin ninguna resistencia en la nuca servil del sacrificado. El asesino lo sabe y es por eso que deja que aquel hedor impronunciable lo embriague, lo posea, lo guié entre tinieblas como un murciélago en constante búsqueda de sangre. El asesino deja que sus manos sean guiadas por aquellas señales límbicas y certeras que rasgan piel y sentidos muertos hasta que de pronto, vuelve a la realidad pobre y bidimensional de sus propios sentidos otra vez conturbados por escasas señales de orgiástica catarsis.

El asesino lo sabe. Sabe que aquel aroma es inconfundible y concreto. Sabe que siempre sus víctimas despedirán aquel olor aunque sus ojos indiquen lo contrario. Sabe que es un sabueso condenado a probar aquel elixir violento y brutal que lo hipnotiza. Pero el asesino también teme. teme que algún día, su propia piel sea la expela aquel aroma fantasmagórico y encandilante...

2 comentarios:

Palbo dijo...

El gato estaba en el sillón, durmiendo, con la cabeza para abajo como siempre, en esa posición que me hace pensar que sabe lo que es una anteflexión y que apoya su cabeza contra el suelo para estirar su columna.

bernard n. shull dijo...

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